4 extranjeros te cuentan por qué se enamoraron de Colombia

Extranjeros que se enamoraron de Colombia

Foto: Travis Crockett

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La amabilidad de los colombianos, los paisajes inigualables, la cultura y la alegría que se respira en el ambiente, hicieron que estos 4 extranjeros dejaran la tierra que los vio nacer y sembraran raíces en Colombia. Conoce sus historias.

Los hay de todo tipo. Desde jóvenes estudiantes aventureros hasta jubilados que decidieron disfrutar de su retiro en medio de los paisajes colombianos. Según las cifras del Departamento Nacional de Estadísticas (DANE) son más de 130.000 extranjeros quienes después de visitar a nuestro país se enamoraron de la cultura, los paisajes y la calidez de su gente.

A continuación conoce la historia de un australiano, una francesa, un alemán y un estadounidense que venían de paso y llegaron para quedarse.

“Colombia es sinónimo de aventura”

Atrás habían quedado las cordilleras de Dandenong y las playas de la bahía Port en su natal Melbourne. Ahora el hogar de Travis Crockett eran los caminos de Chile, aquellos que cientos de jóvenes intrépidos mochileros como él recorrían todos los días en busca de aventuras por América Latina.

“Cuando estaba viajando como mochilero, en todos los otros países me hablaban de Colombia pero no eran específicos, solo decían ‘Colombia es muy chévere’”. Eso despertó su curiosidad y tras una travesía que lo llevó por los paisajes andinos de Bolivia, Perú y Ecuador, Travis Crockett finalmente llegó a nuestro país.

Parecía que Colombia lo hubiese estado esperando con los brazos abiertos desde siempre. “Me gusta la manera en la que los colombianos le dan la bienvenida a los extranjeros. Están dispuestos a compartir su historia y cultura con otros. Te hacen sentir en casa”, asegura.

Travis llegó a Latinoamérica en busca de aventuras y las encontró en Colombia, país que no solo le regaló una familia sino que también le dio la oportunidad de abrir La Villa, un sitio donde otros extranjeros como él descubren la magia de una tierra que ahora llama su hogar. (También puedes leer: Aprender un idioma solo te cuesta un café)

Foto: Travis Crockett

“Colombia tiene mucho que enseñarle al mundo”

Era una tarde cualquiera en las calles de Chapinero, un barrio popular de Bogotá; pero para Marie-Laetitia Lesaffre, francesa de nacimiento, sería un día que jamás olvidaría. Llevaba poco tiempo en la capital y a bordo de su bicicleta empezó a recorrer las calles bogotanas hasta que sucedió algo inesperado: la llanta de la bicicleta se pinchó, dejándola a la deriva en la esquina de una ciudad que aún no conocía.

Como si se tratara de un ángel guardián apareció de la nada un hombre, quien con una sonrisa en el rostro le ayudó a arreglar la bicicleta. “Cuando pensé ‘espero tener suficiente dinero para pagarle a este gentil hombre’, me dijo que no me preocupara por el dinero, él no quería plata, quería solamente mi amistad”. Ese gesto fue uno de muchos que dejó una huella mágica para iniciar la aventura de Marie-Laetitia en Colombia.

Así como aquel hombre en Chapinero le dio la mano y le brindó una sonrisa esa tarde, Marie quiso devolverle algo a los colombianos, quienes la acogieron con calidez desde su llegada. Por eso, decidió radicarse en Colombia y poner en marcha SHiFT to Self-Healing, un proyecto que busca, a través del yoga y la meditación, ayudar a las personas con discapacidad y a las víctimas de las minas antipersona a transformar sus vidas, superando el trauma. “Traté de hacer este proyecto realidad en otros lugares del mundo, pero fue acá donde encontré un gran apoyo y gente con mucho corazón”, asegura.

Según Marie, Colombia tiene mucho que enseñarle al mundo. “Aquí saben que la felicidad radica en amarse a uno mismo, en amar a los otros y en entenderlos. Ese es el verdadero secreto de la felicidad”, afirma.

Foto: Marie-Laetitia Lesaffre con Jorge Rojas, fundador y CFO de “Out Of The Blue”. Anapoima, Cundinamarca.

“Berlín ya no se siente como mi hogar”

Lorenz Biermann llevaba pocos días en Bogotá y aunque había llegado por motivos de trabajo, quería visitar con ansias la Catedral de Sal de Zipaquirá. Intentó convencer una y otra vez a sus compañeros de trabajo pero ninguno se animó. Ante la negativa, y en vista de que en pocos días viajaría de regreso a su natal Alemania, Biermann decidió abordar solo el Tren Turístico de la Sabana camino a Zipaquirá.

El redoblante, la guacharaca, el trombón y la trompeta de la papayera que estaban a bordo, así como el verde majestuoso de las montañas de la sabana de Bogotá acompañaron su recorrido, que duró algo más de dos horas.

Al llegar a la Catedral, y al momento de pagar la entrada, se dio cuenta que había dejado la billetera en el tren. Angustiado porque el tren ya había partido y él no hablaba español, se acercó a uno de los guías, quien contactó al tren y le dijo que tendría que esperar hasta después de almuerzo para volverlo a abordar.

“Me senté un momento a reflexionar sobre mi situación hasta que un señor que había escuchado mi conversación con el guía se acercó y sin comprender ninguna palabra de inglés o alemán, me pasó una entrada a la Catedral. Lo miré con sorpresa porque no entendía qué me estaba entregando, hasta que me tomó por el brazo y me entró a la Catedral. Yo no lo podía creer”, señala. Ese gesto desinteresado hizo que Lorenz entendiera que Colombia era realmente un lugar especial, en el que se podía ser feliz sin tenerlo todo. “Aún no puedo olvidar la cara de amabilidad de todas esas personas que sin entender una sola palabra se comportaron como una familia conmigo”, agrega.

A los tres meses de su visita, en el 2005, se radicó definitivamente en la capital colombiana. Desde entonces ha visitado unas 8 veces más Zipaquirá. Ocasionalmente se reúne nuevamente con Ramiro, el señor que lo ayudó aquel día. Entran a la Catedral y almuerzan juntos en el pueblo, rememorando aquél momento en que Lorenz se enamoró perdidamente de Colombia.

“Quise verlo por mí mismo”

Ya había visto incontables veces el verde de las montañas del eje cafetero y la majestuosidad de las calles de Cartagena de Indias a través de libros y documentales; pero fue la calidez de sus amigos colombianos en Dallas, Texas, la que hizo que un día decidiera que era momento de verlo todo con sus propios ojos.

Richard no hablaba casi español y desde el momento en el que se subió al avión rumbo a Bogotá, sintió temor de que no lo entendieran. Sin embargo, en el instante en que pisó suelo colombiano se encontró con un país que lo recibió con los brazos abiertos. “Cuando la gente vio que estaba haciendo mi mejor esfuerzo en vez de preguntarles si sabían hablar inglés, me ayudaron. Nunca me sentí como una carga para ellos”, asegura.

“Creo que lo que me hizo sentir que Colombia es un lugar realmente especial fue mi primer viaje a Medellín. La ciudad tiene algo que todavía no puedo poner en palabras”, señala. “Medellín está bendecida con mucha naturaleza y pueblos encantadores. Cada lugar tiene un sabor propio”, añade.

Tal vez fue la combinación de sus paisajes, su comida, la belleza de los pueblos antioqueños y las majestuosas obras de Fernando Botero en las calles, aquellas que había visto decenas de veces antes en fotografías y que nunca pensó ver en persona, la que hizo que Medellín se ganara su corazón.

Foto: Richard M.

Estas son solo 4 de las historias que día a día cientos de extranjeros construyen en nuestro país. Son historias que demuestran que Colombia es un país hecho para cualquier persona, es un país que llena de #sabrosura la vida de todos los turistas que deciden visitarla.

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